Carta de Sebastián Ceria

El deseo de Fundar

Área de Proyectos Especiales

10/04/2021 4 min de lectura

Fundar es una organización de mujeres y hombres comprometidos con nuestro país. Me gustaría presentarme ya que soy el fundador de este equipo. 

Me llamo Sebastián Ceria, soy argentino, nací en 1965 y vivo en Estados Unidos desde hace 33 años. Como todas las personas, soy una mezcla de mi historia singular con nuestra historia colectiva, de los valores que me formaron y de aquellos nuevos que yo abracé en la generación de mis proyectos. Soy una mezcla de lo que hice y hago con lo que deseo y proyecto hacer.

Mi trayectoria profesional y personal fue marcada por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA: allí estudié Matemática e incorporé la pasión por la ciencia y el conocimiento, una pasión muy presente en el espíritu de Fundar. Al terminar la carrera me otorgaron una beca para realizar un doctorado en la Universidad Carnegie Mellon. Se trataba de una oportunidad inusual por aquel tiempo y en la que me embarqué tan joven como ilusionado, pero sin imaginar que sería el principio de una distancia física con mi tierra que se prolonga hasta el presente. 

La vida en otro país es un permanente ejercicio de comparación y de puesta en perspectiva del lugar del que somos. Desde el primer día en Estados Unidos alterné entre la admiración por los recursos con los que cuenta esa sociedad y el orgullo por la cultura de nuestro país, donde valores como la educación gratuita y de calidad y el acceso a la salud son rectores de nuestra historia y de nuestra vida institucional. Además, como la mayoría de los argentinos que viven afuera, aprendí a valorar la manera en que cultivamos la amistad.

Fui profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia entre 1993 y 2000, y en 1998 fundé Axioma, una empresa dedicada al análisis de riesgo financiero con sede en Nueva York y oficinas en las principales capitales financieras del mundo.

A pesar de desarrollar toda mi vida académica y profesional en el extranjero, nunca pedí la ciudadanía norteamericana, tal vez inhibido por esa obstinada pasión argentina: volver. Me casé con Alicia, española, y tengo dos hijos que nacieron aquí. Sin embargo, el centro de gravedad afectivo de mi identidad sigue, siempre, en el Sur. 

A lo largo de estos años, la tecnología fue modificando las posibilidades de comunicación. Inicialmente, mi contacto con el país fluyó a través de los resúmenes semanales de noticias que mi viejo me enviaba por fax; más adelante el mail e internet permitieron intercambios más fluidos. Sin embargo, consumir pasivamente noticias de mi país no me alcanzaba, por eso siempre quise vincularme con la Argentina de una forma más activa y productiva. Tal vez con ese deseo de fondo terminé convirtiéndome en un nexo para el intercambio de jóvenes investigadores y científicos en busca de una formación doctoral en Estados Unidos. 

Mi experiencia en las mejores universidades norteamericanas me enseñó a tomar real dimensión de lo que significa la universidad pública de calidad como motor igualador de oportunidades y como palanca para el desarrollo de un país. Estoy agradecido por la formación de excelencia que recibí en la Universidad de Buenos Aires y tengo muy presente que muchos de mis logros fueron el resultado de mi paso por sus aulas. 

En 2008 vendí parte de mi empresa a un grupo inversor; esa venta me permitió donar dinero para el diseño de un proyecto arquitectónico que permitiese que la Facultad de Exactas siguiera creciendo. Aquel aporte es hoy una realidad tangible: el edificio “Cero + infinito”, un nuevo pabellón que cuenta con 23 aulas de docencia y 10 laboratorios de computación, aulas de seminarios y espacios de estudio para los alumnos. Además de un edificio, se trató de un proyecto educativo a través del cual pude vincularme aún más con la universidad y con mi país. 

Ahora bien, a pesar de que las donaciones o aportes solidarios son enormemente necesarios, no terminan de satisfacer mi deseo de contribuir a un desarrollo más justo, igualitario y sostenible para la Argentina. Todos los proyectos nacen de un deseo y Fundar es hijo de un deseo colectivo: aportar al bienestar general todo lo que pudimos aprender o acumular en nuestras historias personales. 

Aportar consistió, para mí, en hacer la contribución económica que fue posible a partir de mi actividad como empresario para la creación de Fundar y el financiamiento de sus actividades. De esa manera, Fundar puede trabajar y crecer sin depender de terceros que condicionen nuestra agenda. Somos una organización sin fines de lucro, pero tal independencia de ninguna manera significa neutralidad. Quienes integramos Fundar trabajamos movilizados por distintas certezas y una utopía. La desigualdad inhibe cualquier proyecto de país viable. No hay desarrollo posible sin una fuerte apuesta por la ciencia y la tecnología. Es necesario un Estado presente e inteligente. Pero de lo que estamos más seguros es de nuestra utopía realista, la de construir un verdadero progreso colectivo basado en el desarrollo y en la igualdad. 

Somos parte de una sociedad lastimada y de un mundo en el que persisten grandes injusticias. No hay tiempo de mirar para otro lado. Es hora de cuestionar, comprometerse y poner en movimiento ideas y proyectos, lo que ya está dicho y falta hacer, y lo que no se ha dicho todavía.

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Prometí presentarme: no es sencillo condensar la historia de una vida y de una identidad en un texto breve. Para algunos soy un matemático rebelde, para otros un empresario atípico. Alguna vez me dijeron “CEO con conciencia social”. Soy, en efecto, un empresario argentino con conciencia social y compromiso por lo público, creo que no hay realización individual sin realización colectiva. Si hoy alguien me preguntara “¿quién sos?”, respondería: “Soy Sebastián Ceria, fundador y presidente de Fundar, una organización que combina recursos y conocimientos con una pasión bien argentina: la solidaridad”. 

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